La despensa

Esa capilla de latas y botellas vacías
recreaba el escondrijo más seguro
la frontera entre lo ocioso
(juguemos al escondite)
y el temor más desconsolado

Si las pesadillas podían renacer
de sus cenizas de sueños y cristales
ese lugar era la despensa
con su bombilla fundida
y su puerta cerrada por fuera

No hay tanto horror
ni tanta placidez
insoportable.

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