Poema al que no le hace falta título

Nunca miré tus manos
tus ociosas manos desconocidas
ni acaricié tus brazos
de sobrios destellos

Jamás quise medir tus ojos
ni abrigar tus labios
de la tenue saliva del beso

En ningún caso me importunaron
tus piernas de salitre
ni las alas plegadas
en tu espalda

Y te sigo buscando
detrás de cada esquina
en las sombras de la casa
por las veredas de la tristeza
o entre las orillas eléctricas
de todos los sueños.

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