Monólogo del triste

Estoy triste,
no sé muy bien cual es la causa,
el motivo, las circunstancias;
pero estoy triste,
definitivamente triste y desolado.

No sé si será el veneno,
la ponzoña de las voces infectadas
de los embusteros,
si las noticias gangrenosas del telediario
o la soledad compartida de esta ciudad
sin pasillos ni aberturas.

Es una tristeza sublime,
caprichosa y testaruda;
se atrinchera en la mañana
y se desboca al anochecer,
midiendo el tiempo con precisión
y deshilvanando las cosas inconcretas
sobre un manto de desidia
y aburrimiento.

No estoy enfadado,
eso lo reconozco porque
tengo las medidas de mi enojo
bien pertrechadas
y en orden concreto.

No es enfado, ni ira,
ni siquiera desolación o desanimo;
tampoco estoy defraudado
(cuando todo es falso y se reconoce
no hay lugar para defraudarse, pues
todo es un cómico escenario
de teatro y farándula continuos)

Insisto, estoy marginado en esta tristeza
de abandono en las horas,
de musitar tristes músicas y canciones,
de leer libros de poesía tan tristes
como los falsos discursos de un político;
y desecho cualquier mínimo clamor
de comedia o dicha que se presenten.

Y no entiendo las razones
que me empujan a estar
tan someramente triste,
parsimonioso, tan desdibujado
que ya no me aguanto el gesto
ni la postura entristecida
de los días, las semanas, los meses.

Me matará esta tristeza permanente,
no dejará huella de mí en los papeles
ni en las cartas de los bancos;
nadie se asomará a mi desanimo
y preguntará por los motivos de estar
de continuo tan triste,
de ser tan patético con mi penuria
a cuestas,
tan antipático y constante
en mis respuestas vacuas,
hartos de verme deambular
por las tristes razones del rendido,
del naufrago sin amarre, ni isla,
ni paciencia, ni posesiones.

Estoy triste,
lo sé,
reconozco esta desazón
alojada entre las costillas flotantes
y mi garganta.
Y sé que no hay culpables al acecho,
que no hay motivos concretos
(a pesar de que no faltarían ni los unos
ni los otros);
pero sólo atisbo una duda
que encontré temerosa una tarde
de extraña soledad y silencio,
reducida con esfuerzo y amarrada
en el salón y sin escapatoria posible...

¿Qué hago siendo un triste perseguidor
de frustrados sueños?

Soy un patético personaje sin sombra
ni futuro;
lo sé,
no es necesario que lo redacte
de continuo en las paredes
y los libros
una y otra vez,
una y otra vez,
una... y tantas veces.

Comentarios

  1. Entre las costillas flotantes y la garganta... Va a ser bronquitis. Mucho mejor, se cura más fácilmente.
    Un (triste o alegre) abrazo.

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  2. Vaya, este poema podría haber salido de mi puño y alma. Solo que yo no tengo esa maravillosa destreza con las letras, eres capaz de hacer de los sentimientos puñados de latidos. Palabras bien hilvanadas son las que dejas caer suavemente sobre el papel virtual, que destilan en mis pupilas lágrimas como templos de incertidumbre sobre mi espíritu ingenuo. A veces pienso que soy una marioneta distraída, que se mueve al son de la transparente tristeza que envuelve las tristezas de otros. me ha encantado este poema, es... no tendría palabras para definirlo -perfecto- podría decir. Un abrazo fuerte.

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  3. Amando... que caro te vendes, y no me digas esas cosas que me preocupo... la bronquitis es cosa seria, yo más bien pienso que se trata de una indigestión de palabras urdidas en la tristeza... propia y ajena... Un abrazo, poeta...

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  4. Lumi, amiga, como siempre tan generosa y entregada, se nota que vives intensamente la poesía, que eres capaz de reflejarte en ella o de hacerla propia... Muchas gracias por tu presencia continua y tus palabras. Un abrazo.

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