El coleccionista de tristezas


Acaparo todas las tristezas,
colecciono penas en carpetas
de viejos colores agotados.
Recopilo pesares,
desesperanzas antiguas
y nuevas desolaciones.
Las reúno pacientemente
y las voy colocando con mesura,
evitando que alguna se rompa
o se quiebre,
no quiero perder sus brillos
ocres y desgastados.

Cuento las añoranzas por docenas,
las coloco en orden de tamaño,
intensidad e insistencia.
Tengo la casa ocupada
de lágrimas inútiles,
de las desazones más perentorias,
del humo oscuro del desamparo.

No puedo evitarlo,
recojo de las calles las muecas
y las razones de los tristes,
se agolpan en mis manos,
desbordadas se apresuran
a ocupar mis bolsillos,
escalar por mis brazos
y esconderse bajo mi camisa,
muy cerca del espacio intercostal
en que, temeroso y asustado,
se oculta mi corazón.

Colecciono penas y pesadumbres,
incluso las protejo
de su insistente compostura suicida,
pero ya no queda espacio en la casa
ni lugar seguro en mi cuerpo
dónde colocar a buen recaudo
la cálida y afable tristeza
de aquel niño solitario,
ni el cansado y tosco penar
de este viejo de sueños ambulantes.

Comentarios

  1. Pues anda que estamos buenos. Bonito, pero triste y ya tenemos bastantes tristezas encima, como para llamar a más. De todas formas me gusta, a pesar de todo....

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  2. Se nos llenan los altillos, los armarios rebosantes, y seguirán llegando tristezas que almacenar. No tenemos remedio, somos coleccionistas compulsivos.
    me siento muy cómodo en tu poesía, y en tus temáticas más habituales. Y en tu tristeza. Un abrazo.

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  3. Paco y Amando, muchas gracias por aparcar un rato por estos parajes (tristes a veces). Voy a tener que haceros el carnet de socios vitalicios, sois de los pocos (por no decir los únicos) que os atrevéis a adentraros en la espesura. Agradezco mucho vuestras palabras que siempre son amables y sinceras.
    Ya sé que ando con penas y tristezas, y que "ver y oír a un triste cansa" (que dijo el poeta), pero es lo que hay, este montón de huesos y palabras insurgentes... Un abrazo fuerte a ambos...

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  4. Como se puede estar triste con esos nietos que se tienen. Otra cosa es si ellos no existieran...
    Y otra cosa, aparte, quita las letritas y numeritos que hay que poner para opinar porque sino hasta yo no voy a entrar.

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  5. Paco, yo no estoy triste, ni aunque no existieran esos pequeños arcanos que son mis nietos. Es una indecencia estar triste viviendo dónde y como vivimos. Otra cosa es que a veces nos asalte la tristeza, o que nos afecte la tristeza de los demás, como es el caso de este poema, dónde al final ya digo que no hay sitio para las penas propias, la de uno mismo.
    Y lo de los numeritos y letritas, te lo devuelvo para tu blog. A mi, el mío no me lo pide, pero comentar en tu blog es otro suplicio de adivinación gráfica. Debe ser cosa del Blooger este. haré las oportunas averiguaciones y si lo descubro te lo digo. Como siempre, muchas gracias por seguir pasándote por aquí. Es un placer. Un abrazo.

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  6. Qué título más bonito, EL COLECCIONISTA DE TRISTEZAS. Casi me dan ganas de ponerme triste. La verdad me siento un poco identificada con tu poema, tan sensible y armónico en sus versos, cuentas con naturalidad como se van almacenando en el alma todas las tristezas, las de uno y las de otros, parece que hay personas con esa predisposición por su corazón sensible, que no es lo mismo que sensiblero. Apenas dejan hueco para sus desdichas porque su bondad escucha, comprende y tiende su mano para albergar y hacer suya esas penas de otros, mitigando el dolor ajeno.
    Me quedaré por este paseo, a ver que voy viendo, un abrazo

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    1. Gracias Lumi por pasar por este humilde jardín poético, y gracias por tu comentario tan sentido y hermoso. Es cierto, este poema es un homenaje a esa gente maravillosa que siente el dolor ajeno como propio, y que intenta siempre alguna forma de consuelo o refugio. Son necesarios, coleccionan tristezas, las protegen del mundanal ruido de la ciudad y sus miserias. Un abrazo fuerte.

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