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Vestigios

La ropa tendida oreada al sol y el viento de las azoteas las pinzas de madera en los alambres con palomas y pantalones vaqueros La puerta metálica y el óxido que la devora insaciable su chirriar de mediodía y adolescentes sin licencia ni permiso saltando los muros impostores la pared humedecida de musgo y antigüedad Escrito está todavía que Juan quiere a Marta y que Marta nunca respondió bajo veinte capas de cal y veranos insaciables Bajar las escaleras de dos en dos peldaños deslizarse por la barandilla y que doña María nos grite desde la mirilla de su casa Despertar de la siesta a los vecinos y provocar el ladrido de los perros Llegar al patio de cinamomos y granados subirse a los árboles y de rama en rama buscar la mayor de las alturas la más intrépida de las acrobacias Herirnos las rodillas y llorar en silencio recurrir a las manos de madre a su ternura de algodones y agua oxigenada el soplo perfumado sobre la herida el vaso de agua mil...

Lleno por favor

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Verá usted, llevo todo el día transitando y ya me avisó la reserva, cada vez encuentro menos gente, y no quiero llegar al final más solo que la luna. Así que me llena la calle hasta la boca del metro, si es posible. Necesito gente variada, sin toxinas ni aditivos, de todos los tamaños y grados. El sexo parejo y la edad diversa, aunque le confieso que me haría mucha ilusión ver unos cuantos niños correteando por las aceras, pero sin molestar. Me avisa cuando esté en su punto, debo terminar este tránsito de tarde y necesito el bullicio de las voces, los pasos acelerados y las miradas huidizas. Esos señores de corbatas y maletines negros, como que me los quita de ahí, dan mala presencia. Mejor los entra en los comercios de lujo y los deja un rato, macerando, hasta que yo le diga. Me interesa algún mendigo o vagabundo en cuclillas, pidiendo unas monedas o algún bocadillo, pero que no provoque a los niños ni asuste a las mujeres. Sencillo, incluso agradable y t...

Declaración de amor importuno

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Ahora sólo duele un poco pero llegará el día que el dolor sea insoportable que su mordedura de fiebres y espasmos marcará mi piel y apretará mis dientes Será un abrir de carnes y ojos desencajados del grito en el corazón y las manos en puños vivos Será el duelo de las noches de insomnio del sudor en las sábanas y el despojo descontrolado de este hombre en guerra con sus designios Entonces cuando sea el día del dolor y la ausencia no tengas piedad con este cuerpo en desahucio con su impuesto descalabro y sacrifica mi carne y mi memoria como se hace con los caballos heridos y los perros moribundos Entonces aplica el veneno sin demora apaga las máquinas desobedece las plegarias alíate con la muerte si es preciso y dame descanso prívame del desorden de mi sangre y desenchufa mi corazón de este vivir en agonía No esperes demasiado imploro a tu amor y tu ternura desconéctame ahora que aún resido en mi recuerdo que aún aguanto tu mano y me sostengo en tu...

Matemáticas puras

Ya te dije que no siempre dos mas dos eran cuatro ni que la suma de los catetos era siempre igual a la hipotenusa Pero no todo es matemáticas o geometría ni todo es cierto o erróneo cuando te contemplo frente al escritorio con calculadora en mano y el lápiz de punta blanda que te regalé averiguando el coste de la vida y de la muerte mirando de reojo las noticias en el televisor y sonriendo cuando te digo que no existe la certeza en los números primos ni la objetividad de las palabras en los sonetos Ya te dije que no siempre el orden de los factores deja de alterar el producto Y si no pregúntale a tu mano que ahora roza mi pecho buscando el resultado más práctico de dos pieles que se encuentran y no son cuatro ni hipotenusas ni números ni palabras ni tan siquiera un poema ni el factor ni el producto Sólo el deseo y la fracción de tiempo que tardas en buscar mi boca y desentrañar esta fiebre de sexo que ni es puro ni matemático.

Un huracán nos llega

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Atroz la mañana se viste de lluvia de relámpagos de luz mortecina y de estruendo En la ventana salpicada de tormenta sólo el rugido del viento En la calle el grito de los charcos atropellados por los coches y el camión de la basura Inexperto yo en esto de huracanes me oculto bajo la cama con un libro de poemas y tapones en los oídos Avisarme cuando llegue la calma si no he muerto atravesado por las palabras.

Este silencio

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Este silencio habita un sepulcro, un cementerio de almas decapitadas, de cuerpos fríos... Este silencio es un barco que cruza un mar de hielos frágiles, indecisos. Este silencio inunda las cavernas de los sordos, las tenues veredas del bosque que atardece, la ciudad que un día creyó en su futuro y ahora es piedra inverosímil, calles de vientos en fuga. Este silencio no es mío, tampoco de tu boca camuflada, de la linea espesa e inamovible de tus sueños. Tal vez mañana se despierten los cuerpos, los hielos, el bosque, la ciudad y tu boca, y no haya más silencio que el de la muerte paseándose, desnuda, por las azoteas del invierno, en las grutas del desierto, en los blancos fusiles de los hombres sin alma.

Lo que dura una canción

Salgo del trabajo tengo una hora (sólo una) para comer y regresar Llevo un mundo de músicas en el bolsillo y escucho en mi soledad con auriculares blancos a Lisa Hannigan su tema Sea song cauteriza algunas heridas y me hace transitar entre los niños que salen del colegio y sus padres apresurados con cierta agilidad y despreocupación Un poco más adelante me asalta un rostro conocido una mujer con la sonrisa al descubierto que me saluda me mira corta mi trayectoria con un gesto de reconocimiento Treinta años es mucho tiempo incluso para saludarse como si nos hubiéramos visto ayer mismo Asombrado la recibo le consulto sobre su vida hablo de mi trabajo de la hora para comer de las prisas Ella me habla de su divorcio del paro de estos días desconcertados y violentos de tomar un café (o lo que se precie) otro día que me encuentra muy bien como si no hubieran pasado los años por mis canas No quiere molestar más se despide con dos besos al aire de m...