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Confesión

Sucumbir en la duda, en los pregones del miedo. Atolondrado coger el camino que nos intuye y que nos vincula con esta vida de brumas con la sobriedad de los espejos. Una fuga que se amortigua bajo el agua gangrenosa de los estanques. Nada he dicho, todo es una falsedad orquestada para sobrevivir, y en ello trabajo cada día, en ser más un hombre dócil que un niño infiel.

Moscas en la boca

Un rubor de alas invisibles palpita en la comisura de tus labios. Un rugido de patas minuciosas recorren tu rostro salpicado. Cientos de ojos, decenas de trompas succionan de tus párpados la agotada sal de las últimas lágrimas, la impasible mirada ausente, este marginal despropósito de quietud en que te apoyas. Un quejido de luz avienta el vuelo de las moscas, un golpe de sopor las hace huir por un instante mínimo y escaso. Retornaran tozudas y hambrientas a robar de tu boca el exiguo alimento, la dulce saliva que la muerte exige en las ascuas del último día, en sus fauces de sombra y olvido. Las constantes moscas, el proceloso zumbido de su empeño.

El coleccionista de tristezas

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Acaparo todas las tristezas, colecciono penas en carpetas de viejos colores agotados. Recopilo pesares, desesperanzas antiguas y nuevas desolaciones. Las reúno pacientemente y las voy colocando con mesura, evitando que alguna se rompa o se quiebre, no quiero perder sus brillos ocres y desgastados. Cuento las añoranzas por docenas, las coloco en orden de tamaño, intensidad e insistencia. Tengo la casa ocupada de lágrimas inútiles, de las desazones más perentorias, del humo oscuro del desamparo. No puedo evitarlo, recojo de las calles las muecas y las razones de los tristes, se agolpan en mis manos, desbordadas se apresuran a ocupar mis bolsillos, escalar por mis brazos y esconderse bajo mi camisa, muy cerca del espacio intercostal en que, temeroso y asustado, se oculta mi corazón. Colecciono penas y pesadumbres, incluso las protejo de su insistente compostura suicida, pero ya no queda espacio en la casa ni lugar seguro en mi cuerpo dónde colocar a buen recaudo la...

Vestigios

La ropa tendida oreada al sol y el viento de las azoteas las pinzas de madera en los alambres con palomas y pantalones vaqueros La puerta metálica y el óxido que la devora insaciable su chirriar de mediodía y adolescentes sin licencia ni permiso saltando los muros impostores la pared humedecida de musgo y antigüedad Escrito está todavía que Juan quiere a Marta y que Marta nunca respondió bajo veinte capas de cal y veranos insaciables Bajar las escaleras de dos en dos peldaños deslizarse por la barandilla y que doña María nos grite desde la mirilla de su casa Despertar de la siesta a los vecinos y provocar el ladrido de los perros Llegar al patio de cinamomos y granados subirse a los árboles y de rama en rama buscar la mayor de las alturas la más intrépida de las acrobacias Herirnos las rodillas y llorar en silencio recurrir a las manos de madre a su ternura de algodones y agua oxigenada el soplo perfumado sobre la herida el vaso de agua mil...

Lleno por favor

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Verá usted, llevo todo el día transitando y ya me avisó la reserva, cada vez encuentro menos gente, y no quiero llegar al final más solo que la luna. Así que me llena la calle hasta la boca del metro, si es posible. Necesito gente variada, sin toxinas ni aditivos, de todos los tamaños y grados. El sexo parejo y la edad diversa, aunque le confieso que me haría mucha ilusión ver unos cuantos niños correteando por las aceras, pero sin molestar. Me avisa cuando esté en su punto, debo terminar este tránsito de tarde y necesito el bullicio de las voces, los pasos acelerados y las miradas huidizas. Esos señores de corbatas y maletines negros, como que me los quita de ahí, dan mala presencia. Mejor los entra en los comercios de lujo y los deja un rato, macerando, hasta que yo le diga. Me interesa algún mendigo o vagabundo en cuclillas, pidiendo unas monedas o algún bocadillo, pero que no provoque a los niños ni asuste a las mujeres. Sencillo, incluso agradable y t...

Declaración de amor importuno

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Ahora sólo duele un poco pero llegará el día que el dolor sea insoportable que su mordedura de fiebres y espasmos marcará mi piel y apretará mis dientes Será un abrir de carnes y ojos desencajados del grito en el corazón y las manos en puños vivos Será el duelo de las noches de insomnio del sudor en las sábanas y el despojo descontrolado de este hombre en guerra con sus designios Entonces cuando sea el día del dolor y la ausencia no tengas piedad con este cuerpo en desahucio con su impuesto descalabro y sacrifica mi carne y mi memoria como se hace con los caballos heridos y los perros moribundos Entonces aplica el veneno sin demora apaga las máquinas desobedece las plegarias alíate con la muerte si es preciso y dame descanso prívame del desorden de mi sangre y desenchufa mi corazón de este vivir en agonía No esperes demasiado imploro a tu amor y tu ternura desconéctame ahora que aún resido en mi recuerdo que aún aguanto tu mano y me sostengo en tu...

Matemáticas puras

Ya te dije que no siempre dos mas dos eran cuatro ni que la suma de los catetos era siempre igual a la hipotenusa Pero no todo es matemáticas o geometría ni todo es cierto o erróneo cuando te contemplo frente al escritorio con calculadora en mano y el lápiz de punta blanda que te regalé averiguando el coste de la vida y de la muerte mirando de reojo las noticias en el televisor y sonriendo cuando te digo que no existe la certeza en los números primos ni la objetividad de las palabras en los sonetos Ya te dije que no siempre el orden de los factores deja de alterar el producto Y si no pregúntale a tu mano que ahora roza mi pecho buscando el resultado más práctico de dos pieles que se encuentran y no son cuatro ni hipotenusas ni números ni palabras ni tan siquiera un poema ni el factor ni el producto Sólo el deseo y la fracción de tiempo que tardas en buscar mi boca y desentrañar esta fiebre de sexo que ni es puro ni matemático.