Voraces sombras me buscan allí dónde no estás tú ni las ciudades que descubrimos en este lugar anacrónico que habito desde aquel día que no regresaste y se hizo nocturna la tarde para siempre
De niño mi hermano resucitaba todos los días venía hasta mí me nombraba con sus ojos claros y en silencio dirigía mis pasos hasta la entrada de la casa Con el tiempo dejó de visitarme dejó de sonar su andar inútil sobre el suelo del salón dejó de crujir la vieja madera de su silla de inválido dejó de indicarme la salida también mi destino Ahora algunas mañanas de frío en el alba más oscura más callada me toca con su risa triste me trae el fiero sonido de la muerte y me recuerda sigue recordándome cuál es la salida donde se encuentra el verdadero artificio de resistir de continuar aún vivo
Ya te dije que no siempre dos mas dos eran cuatro ni que la suma de los catetos era siempre igual a la hipotenusa Pero no todo es matemáticas o geometría ni todo es cierto o erróneo cuando te contemplo frente al escritorio con calculadora en mano y el lápiz de punta blanda que te regalé averiguando el coste de la vida y de la muerte mirando de reojo las noticias en el televisor y sonriendo cuando te digo que no existe la certeza en los números primos ni la objetividad de las palabras en los sonetos Ya te dije que no siempre el orden de los factores deja de alterar el producto Y si no pregúntale a tu mano que ahora roza mi pecho buscando el resultado más práctico de dos pieles que se encuentran y no son cuatro ni hipotenusas ni números ni palabras ni tan siquiera un poema ni el factor ni el producto Sólo el deseo y la fracción de tiempo que tardas en buscar mi boca y desentrañar esta fiebre de sexo que ni es puro ni matemático.
No creo en el hombre ni en su cretina complacencia, no creo en sus vestigios ni en sus insurgentes ruinas. No creo en las patrias, los discursos, las masas enfervorizadas. No creo en sus idolatrados dioses de plástico, ni en las máscaras de sus coloridos estandartes. No creo en la sangre, las heridas, el dolor que deja en los labios los besos del odio, las muescas del rencor en los huesos, los arañazos de la ira en la piel. No creo en la fortuna, ni en el azar o el destino programado, no creo en la célula caprichosa, el ADN o la selección natural, en los socavones no creo, ni en la miseria de las cloacas, ni en la vida escrita de los cementerios. No creo en la paz, ni en la libertad, ni en la justicia creo, nada de lo que ellas prometen se ha cumplido, ni se cumplirá jamás. No creo en mí, en la osada incertidumbre de mis ojos, ni creo en los resquicios de luz que desbordan mi carne y mi garganta. No creo en mí, repito, ni en las palabras ...
Comentarios
Publicar un comentario